COLUMNA

EL BALDÓN
José Miguel Cobián
2014-01-11
El Baldón: ¿Y cómo le hago Contador?

Como tú sabes amable lector, me gano la vida en mi despacho de contadores públicos. Así, vivo de manera directa las dudas, preocupaciones y molestias de algunos contribuyentes que me han contratado para llevar su contabilidad. De esas experiencias quiero comentar algunas:

Llega un señor que tiene una tiendita en una esquina de una colonia popular, y me pregunta sobre sus obligaciones fiscales, ahora que ha dejado su régimen de pequeño contribuyente. Cuando le explico que tiene que hacer facturas al público en general, calcular el IVA y el IEPS que le cobra a sus clientes y los que a él le cobra, y presentar cierta información por internet, me comenta que él estudió hasta segundo de primaria, que jamás ha usado una computadora, y que además no tiene el dinero ni para comprarla ni para contratar un servicio de internet, y mucho menos la capacidad de cumplir con esas obligaciones. Me dice que a duras penas subsiste y que no le alcanza ni para pagarle $200.00 al mes a un contador. Yo le explico que por esa cantidad nadie le va a hacer ningún trabajo y que si alguien se contrata por esa cantidad, simplemente se la va a robar. Le sugiero que se acerque a un ciber (donde rentan computadoras) y le pida al joven administrador que lo auxilie, pero le explico de lo costoso que puede resultar que cualquier desconocido maneje sus facturas fiscales o pueda cometer algún error que le perjudique y le cueste mucho dinero.

Después de una hora de charla, este señor de 72 años me dijo que simplemente se va a dar de baja, y que están locos los del SAT si piensan que él o cualquier abarrotero va a decirle al gobierno quiénes son sus proveedores que no le expiden factura. Que en última instancia, no sabe cómo hacer lo que le explico y no puede cumplir él con sus obligaciones fiscales ni contratar a quien lo auxilie. Y no porque no pueda usar el supuesto programa que hacienda pondrá a disposición de los contribuyentes, con el fin de llevarles la contabilidad y calcular sus impuestos, sino por el riesgo de cometer un error al no saber nada de computación, y tener que pagar cantidades enormes de dinero, por impuestos originadas por su posible error. Al final, insistió en que se dará de baja, y que sea lo que Dios quiera.

Un médico al que le hice una visita de cortesía brincó de susto cuando le expliqué que sólo serían deducibles sus recibos si los expedía de manera electrónica, y si eran pagados con tarjeta de débito, crédito o cheque. Me dijo que de ninguna manera va a poner una maquinita de esas para recibir tarjetas de crédito porque los bancos de México ya de por sí hacen el gran negocio con los mexicanos sin que el gobierno nos proteja, y él no les va a engorda más la cartera. Y no va a recibir cheques porque muchos de sus clientes son desconocidos y no sabe si serán buenos o no esos cheques. Cuando le expliqué que ya no hay comprobantes simplificados y que por lo tanto, no tenía que entregar nada a quien no le pidiera recibo de honorarios electrónico, me comentó que simplemente no iba a declarar nada, y que ante la autoridad solo va a vivir de su sueldo del seguro. Que si de por sí la gente no pide recibo, ahora con esta regla menos. Que hay que celebrar al gobierno por la modificación que le trae felicidad a los doctores. Y enseguida y con voz queda me comentó que así como él, muchos médicos estaban hartos de las obligaciones fiscales, y que simplemente se darían de baja, jubilándose anticipadamente, y quien quiera consultarlos tendría que llamarlos a consulta privada, totalmente fuera de cualquier acto de fiscalización. Si le conviene al paciente que bueno y si no, pues no le damos consulta y asunto arreglado. Además, -me comenta-, ¨en el IMSS hay crisis. Antes valía la pena ser médico del IMSS porque tenías una buena jubilación. Hoy ya no hay nada de eso, así que ya no hay médicos que quieran trabajar en el IMSS, ya no se aprende allí y ya no hay ni siquiera medicinas. La gente tiene que consultar de manera privada o correr el riesgo de no curarse¨.

Cuando escucho a empresarios, industriales, comerciantes, profesionistas, pequeños comerciantes y cualquier tipo de contribuyente, veo que hay mucha desesperación, pues las reformas fiscales no han sido suficientemente claras, no han simplificado procedimientos, al contrario los han complicado, y la percepción sigue siendo la de que mientras unos cuantos pagamos impuestos, otros literalmente se roban esos recursos, mientras que los servicios públicos como seguridad, justicia, salud, servicios municipales, pavimento, etc., cada día están peor. Y desde ese punto de vista, no vale la pena pagarle impuestos a gobiernos municipales, estatales y federales que no cumplen adecuadamente con su función de gobernar y usar los recursos públicos en beneficio de sus gobernados. Desgraciadamente, aunque en lo personal creo que la reforma fiscal es positiva –aunque incompleta-, veo que no ha sido bien recibida y tampoco va a dar los resultados que se esperan en cuanto a recaudación. Con lo cual sus beneficios se nulifican. Y tal parece que se estimula la economía informal ante la complicación que se genera a los contribuyentes, aunado a lo que ya se percibe como el negocio del siglo, pues unas cuantas empresas venden todas las facturas que se expidan en el país, y todos los recibos de nómina que se expidan en el país. Millonario negocio para unos cuantos, con cobros muy elevados, por dichos documentos… Pronto se sabrá que funcionarios del actual y del anterior régimen han sido los beneficiados.

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