Artículo Editorial (*)
LAS LECCIONES DE LUJAMBIO
(*)
Opinión del especialista en asuntos de transparencia y libertad de expresión e
investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Ernesto
Villanueva
México. D. F., a 3 de octubre de 2012
Sería una
villanía entrar en polémica con alguien que ha muerto y no tiene los elementos
para poder responder a cualquier tipo de imputación. Estoy convencido de ello.
Lo estoy también de que la enfermedad terminal de Alfonso Lujambio tiene
implicaciones de naturaleza pública que no deben ser colocadas en el umbral de
la invisibilidad bajo la coartada de que por haber fallecido sus acciones se
han convertido en “buenas”. No lo creo y véase por qué afirmo lo anterior.
Primero. El tratamiento mediático de la lamentable muerte de Alonso Lujambio
consistió, en sus grandes trazos, en una operación que permitiera poner debajo
del tapete los ilícitos en los que probablemente se incurrió en el manejo del
tratamiento médico de su cáncer de médula ósea y su candidatura plurinominal al
Senado de la República por el PAN. Se prefirió, en gran medida, ponderar sus
virtudes (que no regateo, por cierto, ninguna) sobre cualquier falta. Esto pone
de relieve la doble moral que practica con gran desparpajo buena parte de clase
política mexicana.
No pongo en duda las credenciales de Lujambio. Reconozco que fue una persona
con una sólida formación académica y tuvo iniciativas que favorecen a la
sociedad, como la adición del segundo párrafo al artículo 6º constitucional en
materia de transparencia, de cuya aprobación fue protagonista junto con Ricardo
Becerra. Lo anterior, empero, no es un salvoconducto histórico para que sus
errores se hayan redimido como si viviéramos en una sociedad religiosa.
Segundo. El tema de fondo no es ni lo ha sido la capacidad profesional de
Alonso Lujambio, sino el uso de recursos públicos para fines ajenos a los que
están destinados y lo cual lastima a grandes porciones de la población como lo
pone de relieve la lectora de Proceso Verónica Escutia en la sección de cartas
al lector (Proceso edición 1871) quien brinda un doloroso testimonio de vida de
quien no tiene el poder a su servicio, como sucede también miles de ciudadanos
de a pie.
Además de Lujambio, el secretario de la Función Pública, Salvador Vega Casillas
y el propio presidente Calderón son corresponsables de desvió de recursos del
erario y de daño patrimonial al Estado. No es, por supuesto, sólo una conjetura
u ocurrencia mía. El gasto público utilizado para mantener con vida a Alonso
Lujambio rebasa con creces las posibilidades de un servidor público, incluso de
un secretario de despacho, como lo fue en vida Lujambio.
Así, por ejemplo, el secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio
Meade, además de los servicios del ISSSTE a que tiene derecho, cuenta como
prestación adicional con un seguro de gastos médicos. De acuerdo a su póliza
con Metlife por evento tiene una cobertura máxima de 622, 710 pesos. Es posible
lo que se denomina la potenciación del citado seguro hasta por un tope
equivalente a tres veces la cantidad citada, con cargo al servidor público.
Si aceptáramos que Lujambio hubiera tenido la máxima potenciación; es decir,
casi dos millones de pesos. (Artículo 29, fracción IV del Acuerdo mediante el
cual se expide el Manual de Percepciones de los Servidores Públicos de las
Dependencias y Entidades de la Administración Pública Federal) no le
alcanzarían jamás para estar 8 meses en Estados Unidos en cualquiera de los
hospitales de mayor reconocimiento en cáncer de médula ósea, que costaría al
menos 20 veces más de la cobertura del seguro médico de Lujambio, sin contar
hotel, alimentos y viáticos para su familia, y suponiendo, además, que tuviera
cobertura total en el extranjero.
Un seguro para atender padecimientos como el cáncer de médula ósea implica el
pago de una prima anual entre 45 mil y 55 mil dólares americanos. En otras
palabras, ni erogando el 100 por ciento de su sueldo, Lujambio hubiera podido
pagar una prima de esa cantidad. Este seguro, además, no incluye avión privado
ni hospedaje ni alimentos para familiares y ayudantes, sólo los gastos médicos.
¿De dónde salió el dinero para pagar el tratamiento médico infructuoso de
Alonso Lujambio? ¿No hubiera sido bueno que el gobierno aclarara estos datos
para evitar especulaciones?
Tercero. Otra vertiente del caso Lujambio es la política de la que había sido
un gran practicante. Ese conocimiento pragmático se vino abajo en el último año
de su vida. El Partido Acción Nacional a sabiendas de que Lujambio padecía una
enfermedad terminal lo postuló como candidato plurinominal al Senado de la
República. Eso no es ilegal, pero sí inmoral. Un partido mínimamente
democrático debe tener un compromiso básico con sus electores, al menos para
guardar las formas. El PAN con Lujambio hizo gala de cinismo y con la
aquiescencia del propio ex secretario de Educación hizo que renunciara
voluntariamente a su legítimo derecho a la propia imagen para mostrarse a
propios y extraños como una sombra gris de lo que fue. Ni un mes Lujambio
atendió su compromiso con sus electores y su trabajo en el Senado. Por sus
limitaciones en su sistema nervioso central, Lujambio fue nombrado secretario
de un Instituto senatorial que cumple funciones testimoniales.
Salvo una, en todas las sesiones ordinarias del Senado fue exonerado de su
obligación de asistir debido a su delicado estado de salud. ¿Por qué Lujambio
sabiendo con precisión que no podría cumplir la función de Senador aceptó ser
postulado? ¿Por qué el PAN que en sus líneas de Doctrina prioriza la ética como
una forma de actuar postuló a Lujambio? ¿Nunca se le ocurrió al PAN que los
electores requieren de candidatos sanos para que puedan ejercer cargos
públicos? Es necesario que de esta trágica experiencia se puedan extraer
lecciones que permitan regular estas hipótesis haciendo las reformas necesarias
al COFIPE y adicionando el artículo 41 constitucional. Bien decía Santayana,
que quien no conoce su pasado está condenado a repetirlo. El sentido común y
las prácticas de ética mínimas se han perdido en México. Hay que encontrarlas.
E-mail: evillanueva99@yahoo.com
Twitter: @evillanuevamx
Blogger: ernestovillanueva.blogspot.com
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